Meditar desde la Ciencia.
Por Juan Francisco Rodríguez
Me he encontrado con muchas
personas, que cuando les comento que desde hace algún tiempo comencé a meditar,
me ven raro, muy raro.
Esto pasa porque generalmente, se
asocia la meditación con prácticas espirituales, y muchas personas que son
religiosas, tienen cierto temor de la meditación, porque piensan (y como
también yo lo hacía hasta hace algún tiempo) que es una práctica de una religión
distinta a la nuestra, y prefieren evitarla. Ya sabemos, que lo desconocido,
genera rechazo.
Desde hace algún tiempo los
científicos se han interesado por el estudio de la meditación. Se han realizado
diversos estudios para poder medir los beneficios que la meditación conlleva, y
los resultados han sido sorprendentes. Podríamos decir que Jon Kabat-Zinn es unos de los personajes que más ha difundido el Mindfulness científicamente, sacándo de este modo a la meditación de su ambiente religioso.
El Mindfulness se ha convertido
actualmente en la meditación científica. Ya no es necesario realizar todos los
rituales y las prácticas religiosas que la meditación conlleva. Ahora se puede
meditar, en casa, sin necesidad de realizar un viaje al Tibet.
A través de las resonancias
magnéticas funcionales, la electroencefalografía, la tomografía por emisión de
positrones y diferentes test psicométricos se han podido comprobar los
maravillosos beneficios que la meditación aporta.
A través de numerosos estudios se
ha comprobado que la meditación ayuda a reducir el estrés, la ansiedad, los
síntomas de depresión, la reactividad, los problemas de conductas y la tendencia
a distraerse. Además de que mejora la
concentración, la atención, la memoria, la capacidad de ser conscientes, la
capacidad de manejar las emociones, el autocontrol, la empatía, la compresión
hacia los demás, la autoestima, el rendimiento académico y el sueño.
Se ha logrado comprobar que las
personas que meditan logran una mayor tranquilidad y relajación, y que
desarrollan habilidades naturales para la resolución de conflictos.
Según las investigaciones de la
neurocientífica Sara Lazar del Hospital General de Massachusetts y en la
Medical School, quien fue una de las primeras científicas en investigar las
afirmaciones que se hacían sobre los beneficios de la meditación; demuestran
que la práctica de la meditación provoca cambios en la estructura del cerebro.
Esta neurocientífica a través de la resonancia magnética logró evidenciar que
existe un mayor grosor en la corteza cerebral en los cerebros de las personas
que meditan.
Pero no solo eso, sino que además
la corteza cingular posterior, que está relacionada con la autoestima; el
hipocampo, relacionado con el aprendizaje y la memoria: el área
temporoparietal, relacionada con la empatía y la compasión; la pertuberancia
anular; y la amígdala, relacionada con el estrés y el miedo.
Por esta y por muchas razones más
es que la Psicología está haciendo cada vez más uso de esta valiosa
herramienta, desarrollando métodos terapéuticos como algunas terapias llamadas
de tercera generación, tales como las Terapias de Aceptación y Compromiso
(ACT), la Terapia Dialéctica Conductual (TDC), las Terapias
Cognitivos-Conductuales.
En conclusión, la meditación,
ahora ya no solo es parte de la espiritualidad (religión), sino que ahora
también la Ciencia está interesada cada vez más. Dedicando todos los días de 20
a 30 minutos diarios, lograrán grandes resultados.

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